Edison contra la Filosofía. Reflexiones sobre filosofía y
energía eléctrica en el lago Caviahue. El lago Caviahue y el origen de la
filosofía. Etc. Un montón de tiempo perdido pensando títulos para finalizar con
un diálogo con las estrellas en el lago Caviahue.
Explico. Hace unos días subí a la terraza de mi casa a
disfrutar de la menos opresiva temperatura nocturna de este verano. Me
sorprendió que pudiera contar las estrellas sin confundirme. Muy pocas. Ya casi
no las vemos. Las estrellas están prácticamente opacadas por los destellos de
la luz eléctrica de la ciudad; y no es un lamento romántico, es solo evidencia
comprobable. Voy al punto.
La triste imagen de ese cielo despojado de estrellas me
trasladó a un recuerdo, a una situación que viví una vez en Caviahue, en la
provincia de Neuquén.
Viajé por unos días a
Caviahue para hacer una nota sobre el destino. Una noche fui a comer al restaurante de uno de
los hoteles anfitriones; estaba ubicado frente al lago, ahí nomás cruzando la
ruta que lo bordea. Cuando terminé de
cenar, el dueño del hotel se acercó a la mesa y nos pusimos a charlar. No era
nativo de allí, como casi la gran mayoría de las personas que poseen algún
emprendimiento turístico. Creo que se llamaba Jorge. No se quejaba, pero me comentó sobre algunos problemas que padecían,
como sufrir el desabastecimiento de
provisiones y combustible en algunas épocas del año, y de los cortes del suministro
de la energía eléctrica. Charlamos largo rato. Creo que terminamos brindando por algo y me fui.
| Típica foto de Caviahue. El volcán Copahue al fondo |
Afuera hacía frío, pero de todas maneras decidí caminar un
poco por la orilla del lago. El silencio era total. Solo se oía el ruido de las
piedras a cada paso. De pronto, todas las luces de la villa se apagaron. No había
luna esa noche. La oscuridad era
absoluta. Abrí bien los ojos y puse las
palmas de mis manos a unos centímetros de ellos. No las vi. Pero sí vi un
espacio infinito poblado por millones de estrellas a unos pocos centímetros de mis
pies, reflejadas en el lago, a una profundidad de vértigo. Sentí deseos de saltar
a ese abismo y pensé en que moriría antes de llegar al fondo. No tenía puntos
de referencia. Ni siquiera un sonido. La tentación de saltar y caer caer
caer se hacía irresistible.
Pero resistí. Para no marearme mirando el fondo luminoso del
lago alcé la mirada al cielo y lo que vi me acompaña hasta el día de hoy. Pude disfrutar de una de las mejores visiones
de mi vida. Millones y millones de estrellas. Toneladas de brillantina plateada
esparcida en el espacio. Jamás hasta ese momento había visto tanta cantidad de
estrellas juntas. Ni tan nítidas. La Vía Láctea parecía un ser mágico y
poderoso, esplendente hasta en sus bordes más remotos. Un espectáculo
fascinante. Si me quedaba largo rato mirando el cielo experimentaba la sensación de que poco a poco me iba despegando del suelo. Pero lo más loco de todo
era permanecer en silencio y asumir ser
una conciencia sin límites en ese contexto de oscuridad total. No había arriba
ni abajo ni adelante ni atrás. Solo conciencia flotando entre puntos de luz.
No sé cuánto tiempo habrá pasado. Finalmente regresé al
hostel en que estaba alojado a tientas, ayudándome
con la luz del celular. Ya en la cama, imaginé a aquellos primeros hombres que
se pusieron de pie y alzaron la vista al cielo. En esas noches ciegas debieron
de reflexionar sobre el sentido de la vida y sobre su relación con la
naturaleza y los astros, quizás en un entorno
geográfico similar a este. Tal vez,
aquellos hombres primeros se hermanaron con el entorno a partir del asombro que les provocó tomar
conciencia de la finitud de su propia existencia y de la ignorancia del origen de
ese hecho irreversible. Imagino también que, quizás, el pensamiento surgió a orillas de un
lago, de un hombre en diálogo silencioso con las estrellas.
Foto: La foto de acá arriba está tomada desde el cráter del volcán Copahue y puede
apreciarse la forma de herradura del lago.
Las aguas del Caviahue son los restos de una laguna que antiguamente coronaba
el cráter de un antiguo y gigantesco volcán. La boca de ese gran volcán también
puede apreciarse en la foto circundando toda la geografía.
Tengo una cabaña en Caviahue, y entiendo perfectamente lo que sentiste... Ese cielo nos hermana!
ResponderSuprimirUn abrazo. Rodolfo
hola Rodolfo, muchas gracias por pasarte por acá y por el comentario. vendrán más historias de Caviahue. ¡Que hermoso lugar! Y qué afortunado con tu cabaña.
ResponderSuprimirAbrazo para vos hermanado por el cielo!